MI VIEJA SE ESTÁ MURIENDO

0
238

Por: Carlos Figueroa Díaz

Siento que este es el principio del fin, mi vieja la matrona Juana Ramírez se está muriendo. Todos mis sentimientos se movilizan en los recuerdos de mi abuela, la mujer a la que le debo junto a mi madre, todo lo que soy.

Fue mi abuela quien me inspiró a escribir  mi primera crónica la que titulé “La Reina del Palito de Caucho”, ahí aun reposa el trabajo enmarcado y colgado en una de las paredes del Kiosco  del parque del Banco Bogotá, en medio de los patacones con queso, gaseosas y tinto que en el lugar se expenden.

 

La vieja Juana de Corazón noble, es el mejor ejemplo de perseverancia. En la desdicha de una viudez sacó sola con esfuerzos a sus cuatro hijos. Nunca le escuché decir no puedo, siempre pudo y logró lo que quiso.

De carácter recio y en aquel entonces de figura gruesa, Juana Ramírez se dispuso a trabajar para triunfar. El amor nunca lo dejó de expresar, siempre en su casa y en su negocio hubo un plato disponible para los comensales imprevistos.

Hoy su descendencia numerosa: 4 hijos, 23 nietos, 43 bisnietos y 5 tataranietos, estamos junto a ella en el lecho de enfermedad, pidiéndole a Dios que se haga su voluntad.

Recuerdo a mi abuela desde la madrugada trabajando en su negocio. Levantaba cajas de gaseosas llenas y vacías en el centro de Cartagena, diciéndole al cielo que quería conocer parte del mundo. Su sueño se le hizo realidad, conoció  ese mundo que tenía en su imaginación, pero  no por casualidad, lo hizo en medio del trabajo y la lucha constante para llegar hasta la meta. Mujer humilde pero con proyección, Juana Ramírez definitivamente, es mi ídolo.

Hoy cuando la veo indefensa en una cama llena de aparatos y tubos, siento que poco a poco se está yendo un pedazo de mi vida. No es para nada fácil ver a tu ser querido en este trance, donde cada minuto y cada hora se aleja más porque se acerca el final.

Juana Ramírez Barón, la recordaré siempre como la mujer que le ha dado energía a mi vida y a  todos los miembros de mi familia, numerosa por demás. Los imposibles no existieron en la vida de mi abuela, siempre hubo un objetivo que cumplir cada día. Todo lo organizó de tal forma, que a sus 91 años aún sigue viviendo de su trabajo.

Se va mi vieja, esa que se entretenía viéndome comer libras de uvas, que ella misma me compraba, la que me dijo que no importaba lo que costaran mis estudios porque haría el sacrificio para pagarlos, esa que nunca permitió que pasara trabajo y que me reprendió con voz fuerte cuando fue necesario.

Mi vieja se apaga y con ella me estoy apagando yo. Esta sensación indescriptible, hace imposible contener las lágrimas, por la pronta partida de alguien que me dio tanto y que el tiempo ni la vida me alcanzaran para retribuirle todo eso.

Gracias y mil veces gracias mi vieja hermosa, gracias por amarme tanto,  gracias por ese legado de vida, gracias por hacer de todos nosotros personas útiles a la sociedad. Gracias mi Reina, siempre serás irremplazable en el  imperio de mi corazón. Te amo

 

 

 

 

 

 

Dejar respuesta