LA REFLEXIÓN LUEGO DE UN AMOR FALLIDO

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Enamorarse si bien genera éxtasis e ilusiones permanentes, con el tiempo se vuelve una verdadera lotería, al fin y al cabo con quien convives, tiene costumbres diferentes a las tuyas y fue criado  por unos padres que no son los tuyos.

El tema de mirar y analizar  a la familia a la hora de elegir en los amores se vuelve irrelevante, pero en la convivencia terminas dándote cuenta cuán importante es mirar estos aspectos, porque aunque no le creamos nos casamos también con el hogar de nuestras esposas, esposos o compañeras.

Y es que aunque parezca mentira el trato de tu esposo o esposa hacia ti depende de lo que vieron  en sus hogares. Los primeros días son  los de miel y luego de ellos en el matrimonio se da la etapa de la exploración propia de la convivencia, aspecto que no es fácil de superar, al punto que en tan solo unos meses te podrías hacer la innegable pregunta: ¿quién me mandó a casarme?

Esa pregunta es importante que la resuelvas de manera inmediata, buscando ese que te mandó a casarte, que seguramente es el amor incondicional que te permitió tomar la decisión de elegir a esa persona para que te acompañara el resto de tu vida. Yo me separé porque en verdad nunca busqué la respuesta a esta pregunta.

Los conflictos, los celos y el comportamiento no esperado del otro, minan tu mente y tu espíritu y en menos de lo que crees inicia el desamor y de ahí el principio del final de un idilio.

No soy psicólogo ni lo pretendo ser, escribo desde mi experiencia de esposo y de persona que luego de una separación de más de 10 años lo intenta y aun no lo logra , quizás porque el síndrome de la soltería puede más que  el del compromiso a tener un nuevo hogar. ¡Vaya dilema!

Luego de un separación la desconfianza hacia el otro es el pan de cada día, prácticamente los gestos y el comportamiento de la persona que miras como tu posible nueva pareja, te lleva al análisis de pretender buscar a un alguien  perfecto para tu criterio, generando un modelo en ocasiones imposible de alcanzar.

Es por eso que la separación además de hacer daño a los hijos, si los tienes, afecta de igual forma tu acción psicológica al punto que con la experiencia con varias mujeres o hombre buscas armar el muñeco que deseas tener a tu lado.

Es decir: me encantan los besos de María y la forma de caminar de Claudia, los ojos de Yurani, la paciencia de Laura, la comprensión de Patricia y mucho más el sexo con Mónica.

Me parece mentira que hoy me atreva a escribir estas líneas donde prácticamente revelo mi vida sentimental, aunque los nombres de las damas no sean en realidad los de  quienes conmigo han tenido alguna relación.

El pasar de los días me llevan a la gran probabilidad de quedarme solo si no cambio ese pensamiento, no es fácil para mí de nuevo convivir de puerta hacia adentro  con alguien, hacerlo me encierra y sufro de claustrofobia.

Ahora lo único es esperar a ver que nos depara la vida y el tiempo, en estos momentos de efervescencia, calor y cuando aún el falo funciona sin estimulantes artificiales.

 

 

 

 

 

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