¡ALCALDE, DEME LA BOLA! 

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Por: Rafael Puello Montero

¿Alguien podría decirme de manera contundente y demostrable cual ha sido el primer acto de corrupción del alcalde de Cartagena Manuel Vicente Duque?

Celebro contar con una herramienta legal como la revocatoria creada en la Constitución de 1991 y reglamentada por la Ley 134 de 1994, que busca garantizar de los gobernantes el cumplimiento a sus promesas cuando candidatos. Vuelvo y pregunto ¿El alcalde Duque, ha incumplido en sus 7 meses de gobierno su promesa de campaña? Pienso que no.

El alcalde afronta lo encontrado, es una etapa de valoración, planeación y actuar. Veo la anarquía, una falseada solidaridad, ambiciones individuales, grupos y gentes que se resisten a pasarlo, y otros a quienes no les genera confianza, a otros sí, es la democracia.

El alcalde hoy está dando prioridad al plan de desarrollo. Implementa la promesa de transformación social, plasmada en “Primero la gente” que encaja en el diseño, análisis y planificación de los distintos planes de crecimiento de la ciudad, como el Pot, diseño urbano y educación entre otros.

He visto y escuchado de todo contra el nuevo alcalde, aun así, me atrevería a asegurar que de los gobernantes de las tres últimas décadas, Manolo, no ha sido el peor, incluyendo periodos atípicos o completos. Para una evaluación seria, aún falta recorrido y argumentos legales que justifiquen ante las autoridades su relevo, pese a las firmas.

En Cartagena predomina el interés particular junto a controles de corrientes “paracas” politiqueros, gremios y empresarios acomodados al mandatario de turno; una cadena de inversionistas, dirigentes cívicos y populares, veedores y demás quienes en bloque unitario tienen como objetivo principal la apropiación del presupuesto público.

Cambiar esa realidad de ambiciones particulares por una visión sana, colectiva con una oferta de oportunidades a todos, sigue siendo rentable en una ciudad de potenciales incalculables y contrarresta latentes amenazas. Me pregunto ¿Por qué embarcar a la ciudad en una aventura piloteada al azar, sin capitanes ni puerto definidos en medio de una agitada turbulencia?

Los gobernantes no son el único mal a nuestra crisis, En adelante sería sano revisar nuestras conductas ciudadanas. Manolo Duque, como muchos de nosotros, termina siendo otra pieza de un sistema obsoleto, dañino, donde todos abonamos con distintas razones resistiéndonos a cambiar. Cada uno crea una zona de confort, sin arriesgar.

El alcalde una vez elegido se debate solo con una herencia de corrupción y anarquía social creada por sus antecesores, varios de ellos vinculados hoy a procesos judiciales por toda clase de delitos, otros como Campo Elías Teherán, el costo fue la muerte.

Existe un ciudadano asqueado e impotente que solo recurre a la crítica y no se organiza ni muestra su interés por un liderazgo colectivo. Así vemos crecer fenómenos tan preocupantes como el micro tráfico, pobreza, violencia y la pérdida de calidad de vida.

Cartagena ha tenido alcalde (a) de todos los pelambres, desde encumbrados con doctorados, maestrías y especializaciones, de apellidos dominantes y clasistas, populares, oportunistas, empresarios y demás, pero en su gran mayoría se rajan, adolecen de honradez y de un verdadero compromiso para jugársela y rescatar a la ciudad.

Las mayores críticas a Manolo no son sobre corrupción o incumplimiento a su programa, obedecen a interpretaciones y percepciones a fallas en su comportamiento y modales según algún acostumbrado a un perfil de alcalde diferente.

Manuel Vicente Duque, nunca ocultó sus formas, antes por el contrario ser autentico fue unas de las fortalezas que le hizo ganar. Por tanto eso es discutible, ¿Hasta dónde la particularidad de su personalidad afecta el cumplimiento del programa de gobierno a los cartageneros?

La ciudad fracturada se está quedando sin argumentos y acude al matoneo con el Alcalde ya sea por su barriga, la cual es similar a la de miles de cartageneros dado su biotipo, entre otras razones del común; las salidas irreverentes y no usuales para una sector que se resiste a perder sus caprichos de abolengos y vestigios de monarquía española, olvidando que negros, mulatos, y morenos de esencia popular, abiertos, frenteros, caribes, champetuos, somos mayoría y donde con pesar incluso entre nosotros mismos, nos despectivamente nos calificarnos de “perratas” y no aprendemos a valorarnos.

El comité inscriptor y recolector de firmas para la revocatoria del alcalde Manolo Duque, aduce entre los motivos esenciales “la insatisfacción general en la ciudadanía por cómo está gobernando”. Eso no es tan cierto, Manolo, sigue en contacto con lo popular y facilitando gozo en comparación a antes de gobernar, ejemplo: Las Fiestas populares tuvieron una cara distinta a las del 2015 y años anteriores, aun en medio de algunos reparos, donde me incluyo, a falta de una adecuada comunicación.

La movilidad, uno de los mayores problemas de Cartagena haya respiro a través del sostenimiento del gobernante a Transcaribe, no obstante los inconvenientes y una corrupción de vieja data, su utilidad la reconocen y defienden los ciudadanos.

La inseguridad es un fenómeno que responde a viejos comportamientos de una cadena descompuesta en una ciudad que pedalea con los mayores índices de desplazados. Un turismo engañoso otro informal y aquel de prostitución y droga jalonado por una oferta que compromete a algunos hoteles y sectores del turismo, muestra ultima para citar de casos de doble moral en la ciudad, sumado al micro tráfico y la delincuencia.

¿Hacia dónde nos llevaría una revocatoria de mandato a Manolo Duque, sin el sustento ni un sentimiento generalizado como se pretende hacer creer con titulares de prensa?

Agitar banderas a través de un movimiento de esa naturaleza es caminar al abismo con los ojos abiertos. Para empresas exitosas en este sentido debe existir organizaciones verdaderamente representativas y metidas en el corazón de los ciudadanos, de trabajo y liderazgo individual, social y colectivo e integral de ciudad, maduración; eso no se construye de la noche a la mañana.
Es muy triste seguir jugando a quitar un loro y poner a otro en la estaca. Aquí hay que cambiar envidias y resentimientos por ayuda y cooperación efectiva entre los ciudadanos y dirigentes.

Buscar y encontrar unión entre las diferencias y frustraciones; sabemos que existen muchas dudas y errores en el denominado gobierno de la gente, pero no es menos cierto que la misma elección del actual alcalde pudo obedecer a un desacierto de los ciudadanos por distintas causas y a quienes cabria la mayor responsabilidad al elegirlo libres, sin presión alguna a través del voto popular; independientemente de que pudiera o no estar preparado para el cargo, como algunos opinan.

En las tres últimas décadas todos los alcaldes han tenido su sombra, Manolo parece no ser la excepción según sus críticos.

No se trata de desconocer los hechos tras bambalinas, las dudas y la sombra de un tal J.J. como señalan ahora a José Julián Vásquez, y de ser el verdadero alcalde de la ciudad, igual que se dijo de Carlos Díaz, con Gabriel García, Judith Pinedo y los Araujos, Campo Elías, a Juancho García, Dionisio Vélez, a Los Char, y así en mismo circulo vicioso navegamos electores y elegidos, acostumbrándonos a vivir entre quejas y padeciendo nuestros errores, Repensar nuestro actuar y disfrutar sin mayores riesgos es un propósito.

Llego la hora de asumir entre todos y con responsabilidad el cambio que requiere Cartagena. El alcalde pellizcarse y hacerlo con su equipo, antes que entre todos terminemos de joder a la ciudad. En el caso de Cartagena la propuesta de revocatoria al alcalde no le veo peso, madurez, ni seriedad. La ciudad que quieres depende de ti.

 

 

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